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Monástica
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MONJES Y MONJAS DE TODO EL MUNDO

En casi todas las grandes religiones se encuentran hombres y mujeres que se entregan de corazón a profundizar en el conocimiento y la práctica de su propia tradición espiritual hasta las últimas consecuencias. Ascetas hinduistas, monjes y monjas budistas, maestros sufíes, viven solos o en comunidad pero todos tienen en común que el Absoluto penetra y orienta totalmente su vida. La comunidad de creyentes reconoce en ellos hombres y mujeres portadores de paz y de sabiduría, conocedores de lo humano y lo divino.

VIVIR EL EVANGELIO AL MÁXIMO

Para las primeras generaciones cristianas, la experiencia de la Resurrección, la apertura al Espíritu, el dinamismo de las comunidades enfrentadas muy rápidamente a las persecuciones suscitaron un talante, un estilo fuerte y radical a la hora de vivir la fe: cristianos que en medio de su debilidad, se sienten impulsados por la fuerza del Espíritu.

A finales del siglo tercero, cuando el cristianismo se vuelve religión oficial, se empieza la vez a "aguar"... crece el conformismo y la mediocridad. Mientras tanto, unos hombres y unas mujeres empiezan a invadir las soledades del desierto, especialmente en Egipto y se va extendiendo poco a poco este movimiento imparable por todo el Oriente cristiano: son los primeros monjes cristianos. Unos eran verdaderos solitarios, eremitas como San Antonio; otros organizan nuevas formas de vida comunitaria como san Pacomio, san Basilio y san Agustín.

También estaban presentes las mujeres en este movimiento monástico: Sara, Sinclética, María de Egipto, Melania, Paula y tantas otras fueron las primeras monjas, maestras en el Espíritu y discípulas de la Palabra, seguidoras de Jesús y de su Evangelio .

 

BUSCAR DIOS ES BUSCAR LA VIDA

En nuestro bautismo quedamos incorporados a la familia de los buscadores de Dios, de los que caminan por las sendas del Evangelio, los que tienen sed de agua viva, los discípulos de Aquel que es el Camino, la Verdad y la vida

.Es un camino de unificación interior: un camino en el que hay que callar y escuchar la propia realidad, aprendiendo a vivir "despierto"; un camino de "vuelta a casa", de vuelta al corazón, de profunda humanización porque "El Reino de Dios está dentro de nosotros".

Es un camino de comunión con los demás: un camino progresivo hacia el amor gratuito, hacia la universalidad. Un monje antiguo lo expresaba así: "Bienaventurado el monje que considera cada hombre como Dios después de Dios". Evagrio Póntico

Es un camino de unión con Dios: un camino de confianza filial hacia el Padre, de seguimiento de Jesús y de apertura a su Espíritu.

Es un camino para todos porque es el camino del Evangelio;  pero los primeros monjes se tomaron muy en serio esta búsqueda, esta sed, este camino y se dedicaron de lleno a hacer de ello el oficio de su vida.

Y a este oficio se sintieron llamados muchos hombres y mujeres hasta hoy. Entre ellos hubo alguien que marcó de manera indeleble el monacato posterior y al que se consideró como el Patriarca de los monjes de Occidente: era san Benito.

 

SAN BENITO

Su vida

Benito aparece en un momento histórico complejo, que tiene algo parecido con la actual: una época de crisis, motivada en parte por un profundo cambio cultural.

Nace en el año 480 en una ciudad al norte de Roma,  Nursia. Comienza sus estudios superiores en Roma pero su búsqueda interior le lleva pronto a retirarse a la soledad: ha descubierto que más allá de los saberes, tiene una cita con la Sabiduría que viene de Dios. Vive en Subiaco, como ermitaño y va haciendo un camino de unificación interior.

Desde esta intensa experiencia será capaz de organizar doce pequeñas comunidades y pasar luego a Montecasino. Tiene que hacer un camino a veces difícil de comunión con los demás. Se abre cada vez más al amor gratuito hacia sus monjes y hacia todo hombre o mujer que se le cruza por el camino: pobres y peregrinos, potentados y gente sencilla. Es un maestro espiritual capaz de educar, guiar a los demás en su propio camino hacia Dios, de discernir y ayudarles a desprenderse de lo que les frena en su avance por el camino del Evangelio. Sabe curar sus propias heridas y las de los demás, está alerta a los signos de los tiempos.

Benito recoge toda la rica herencia de los monjes anteriores y, con un extraordinario don de síntesis, da forma al monacato de su tiempo: adapta la vida monástica a Occidente y abre las puertas de su comunidad por igual a los viejos romanos y los nuevos bárbaros. Para él lo que define un hombre o una mujer no es su raza, su condición social,  sexo o  edad sino que busque de verdad a Dios.

Madura su proyecto y escribe su Regla. Su hermana -gemela según la tradición - Escolástica, junto a un grupo de mujeres, abraza también el estilo de vida de Benito, quien termina sus días en 547. Poco antes de morir, el santo tiene una visión del mundo entero concentrado en un rayo de luz. Benito ve las cosas y las personas desde Dios. Ha concluido su camino pero su espíritu sigue adelante.

 

Patrón de Europa

"El amor de Cristo es la raíz de la que nacieron las grandes creaciones monásticas: el culto en la liturgia, la cultura literaria y filosófica, el cultivo de los campos. Europa ha nacido de este amor a Cristo que los monjes vivieron con toda sencillez y realismo en los tres campos: el estrictamente religioso, el humanista y el social". Olegario González de Cardedal

Por eso no es extraño que el Papa Pío XII, en el XIV Centenario de la muerte de san Benito, lo declarara en 1947 Padre de Europa y, años más tarde, en 1964, Pablo VI lo proclamara solemnemente Patrón de Europa.

San Pedro el Venerable, abad de Cluny, había escrito: "Llena la luz de tu alma con el aceite de la caridad y tu celda  será más amplia que el universo entero."

Los monjes y monjas benedictinos descubren en su propia tradición un talante abierto y universal que los hace especialmente aptos para el diálogo ecuménico e interreligioso. Fundaron Europa, pero hoy su hogar es el mundo entero. Presentes en los cinco continentes, numerosas comunidades han nacido en las iglesias jóvenes.